El liderazgo de las emociones

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Después de muchas décadas de trabajo, esfuerzo y constancia, las mujeres nos hemos hecho un hueco no solamente en el mundo empresarial, sino también en la esfera de la alta dirección. Como experta en recursos humanos, puedo hacer esta afirmación con conocimiento de causa: cada día pasan por mis manos los currículums de los más destacados perfiles de directivos y de ejecutivos de alto nivel y, con el correr de los años, son cada vez más las mujeres que forman parte de este selecto colectivo y que, además, se alzan victoriosas en distintos procesos de selección del talento.

El liderazgo femenino no tiene nada que ver con el de los hombres, pero tampoco tiene nada que envidiarle: las mujeres trabajamos más con las emociones, nos es más fácil trabajar en equipo y generar entornos de trabajo más positivos, incluso en tiempos de crisis.

Sin embargo, pese a las cimas conquistadas, aún queda un buen trecho hasta alcanzar la igualdad, tal y como lo demuestran las cifras. El porcentaje de mujeres disminuye a medida que se suben peldaños en la jerarquía: si en la categoría de “empleados”, la mujer ocupa el 46,4%, frente al 53,6 % de los hombres, en los mandos intermedios el cupo femenino se queda en el 28,9%. Asimismo, a día de hoy, encontramos a mujeres solamente en el 21% de los cargos directivos en España y en el 24% de los puestos directivos a nivel mundial.

En el aumento de la proporción de mujeres en el ámbito directivo y en su progreso laboral juegan un rol esencial dos elementos: la formación y la conciliación de la vida familiar. En cuanto a la formación, las mujeres estamos ya claramente a la delantera, puesto que ocupamos tasas mayores que los hombres en cualquier etapa educativa; en la universidad, ya hay un 54% de mujeres.

Por lo que respecta a la conciliación familiar, queda aún mucho trabajo por hacer. La flexibilidad laboral podría ser ya una realidad, ya que hoy en día muchos trabajos pueden realizarse desde casa, pero aún nos encontramos con un entorno reticente a este tipo de políticas. El éxito radica en encontrar el punto de equilibrio entre la vida personal y profesional, y esto es algo que solamente puede lograrse siendo flexible. En MC Asociados, por ejemplo, contamos con diferentes tipologías de horarios para lograr que el trabajo se adapte lo mejor posible a las necesidades de cada profesional, especialmente a las de las mujeres.

Igual que el sector masculino, en términos generales, muestra más ambición por mejorar su remuneración, las mujeres priorizan a menudo otros factores, entre los que destaca, además de la calidad del equipo y del entorno, disponer de flexibilidad horaria. Para retener el talento femenino, será necesario tener muy en cuenta este factor. De hecho, el 37 % de empresas creadas en estos últimos años de crisis en nuestro país las han creado mujeres porque, además de ser capaces de tirar adelante sus propios proyectos con el riesgo que esto implica, con esta opción se aseguran una mayor flexibilidad en su propio horario laboral.

Muy ligado a la necesidad de flexibilizar el horario está también el tratamiento de la maternidad desde la empresa, que debería poder empezar a vivirse como algo natural, empezando por igualar en la medida de lo posible las bajas de maternidad con las de paternidad, como ya se hace con éxito en los países del norte de Europa.

Mi sensación es que, sin duda alguna, la evolución de la sociedad ha ido más despacio que la incorporación de la mujer al mundo laboral y, aunque poco a poco vamos tendiendo hacia la normalización y la igualdad, nuestra sociedad aún no está lo suficientemente preparada para la plena igualdad de la mujer en el mercado laboral y la igualdad de oportunidades para llegar a puestos de Alta Dirección y Consejos de Administración

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