El mercado laboral se adapta a una nueva realidad

 

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El paradigma de la evolución del mercado laboral español tiene un hito marcado en el horizonte: lograr que en 2020 el sector industrial represente el 20% del tejido productivo español, que actualmente supone el 16% de nuestra economía. Las primeras impresiones que se deducen de la sub-muestra de la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada por el Instituto Nacional de Estadística, hacen pensar que la recuperación del empleo vuelve a transitar por sectores de escaso valor añadido, como el comercio, los bares y restaurantes, la construcción y el sector público, que han concentrado seis de cada diez empleos creados en los últimos meses. Este patrón reproduciría los comportamientos que llevaron a España a su máximo nivel de personas ocupadas, las 20,7 millones de personas que se lograron en el tercer trimestre de 2007. Un dato que, en estos ocho años, ha caído hasta quedarse en 17.454.000.

A la hora de diseccionar la creación de empleo en términos relativos, los datos recopilados en la EPA hacen albergar la esperanza de que el cambio de modelo productivo tan demandado por la sociedad española se abre paso, aunque sea lentamente. El INE ha constatado que el mayor dinamismo se registró el pasado ejercicio en algunos de los sectores industriales y de servicios que más valor añadido aportan. El segmento de actividad donde más creció el empleo en el último año fue la industria tabaquera, que ha incrementado sus ocupados un 48%. Le siguen las empresas de cuero y calzado (39%), las de productos farmacéuticos (22,8%) y la gestión y consultoría empresarial (21,8%). Con incrementos relativos superiores al 10% anual, se situaron sectores industriales como el del petróleo, el papel, el motor y la energía, o ramas de servicios especializados como la veterinaria.

Además, los datos recabados por el INE señalan la importancia que tiene la formación a la hora de incorporase al mercado laboral. Por poner dos ejemplos, las personas formadas en informática llegaron a alcanzar unas tasas de actividad superiores al 90% en el año 2014, al igual que las formadas en veterinaria. Por el contrario, aquellos que sólo habían completado los estudios básicos presentaron tasas de actividad inferiores al 50%, un porcentaje todavía más bajo en el caso de las mujeres con ese nivel educativo, que sólo alcanzaban el 41,06% de ocupación.  El nivel de estudios también tiene su reflejo en la tasa de paro: las más elevadas se registraron en 2014 entre las personas que habían seguido programas de formación básica (30,89%), mientras que las tasas de paro más bajas se dieron entre las formadas en matemáticas y estadística (5,70%) y en servicios de seguridad (7,45%).

 

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