“El progreso moral no ha estado al mismo nivel que el progreso técnico”

Adela Cortina, la  nueva doctora Honoris Causa por la Universidad de Murcia, hace un repaso a la situación actual sobre el progreso moral en relación con el progreso técnico en esta excelente entrevista de Pascual Vera Nicolas que reproducimos.

 “El progreso técnico ha sido admirable, pero el progreso moral no ha estado al mismo nivel”

Cuando hace ocho años ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Adela Cortina rompía una tradición de siglo y medio de  esta institución sin una sola mujer. La doctora Honoris Causa número 47 de la Universidad de Murcia es la cuarta mujer con esta distinción por nuestro centro, pero es consciente de que sólo con el trabajo de todos, podrá ir reparándose ese ostracismo al que se han visto abocadas las féminas en tantos y tantos ámbitos.

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Su relación con la Universidad de Murcia se remonta a cuatro décadas atrás, fue precisamente una de las docentes que ayudó a poner en marcha los estudios de Filosofía en este centro y es la persona que se ha encargado, junto a otros especialistas, de la realización de un código ético para la Universidad de Murcia.

La ganadora del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007 y Directora de la Fundación ÉTNOR, Ética de los Negocios y las Organizaciones, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, es una de las personalidades más importantes de esta rama de la Filosofía. Utiliza sus amplios conocimientos en su especialidad para ilustrar cualquier tema, incluidos los de más rabiosa actualidad. Y es precisamente ésta característica la que aporta a sus opiniones un fondo de coherencia que resulta muy de agradecer en unos momentos en los que la crispación es lo que impera.

Habla de ciudadanos y de políticos, de compromiso, de valores universales, de justicia, de solidaridad y de coherencia. De honestidad, veracidad, libertad e igualdad. Habla de compasión y de diálogo, tan necesarios siempre para encontrar esa felicidad que todos debemos pretender para nuestro entorno. Y aboga por la Razón Cordial, un término acuñado por ella, que intenta llamar la atención sobre una Ética en la que la argumentación tenga muy en cuenta también los sentimientos.

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-P: Uno de sus libros se titula Para qué sirve la ética. Ilústrenos, ¿para qué sirve?

-R: En el libro hay ocho capítulos, y en cada uno de ellos intento explicar alguna utilidad que encuentro en la ética. Lo hago de una manera muy accesible y muy directa, para que pueda valer para el gran público. En uno de ellos me refiero al valor de la ética para difundir confianza en la sociedad, porque una sociedad en la que los ciudadanos pueden confiar en los políticos, los alumnos en los profesores, los pacientes en el personal sanitario… es mucho mejor.

Cuando hay confianza generalizada en la sociedad, ésta funciona muchísimo mejor, y no sólo desde el punto de vista moral, sino que produce más riqueza, tiene más ganas de emprender los retos vitales… La confianza es el valor supremo de una sociedad para que pueda haber esa cohesión entre las gentes y ponerlas altas de moral.

La Ética sirve también para construir una democracia auténtica y deliberativa, que tenga en cuenta la participación de los ciudadanos. La Ética sirve para construir sociedades que se  toman  en serio  la  justicia  y que intentan  que sus ciudadanos puedan tener oportunidades para desarrollar una vida feliz. La Ética sirve para formar un buen  carácter, que nos ayude a actuar con prudencia, con templanza, con  excelencia del carácter.

Podríamos aludir a otros muchos aspectos para los que sirve la Ética, pero sobre todo, sirve para formar ciudadanos, para formar personas que busquen la justicia y la felicidad, y para formar ciudadanos con sentido de la dignidad humana.

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-P: ¿Es un medio o un fin?

-R: No es ni un medio ni un fin, todo los seres humanos somos mas o menos morales según determinados códigos, todos adoptamos decisiones en función de  valores como la libertad o la solidaridad, todos somos más o menos solidarios, más o menos libres, más o menos igualitarios… Eso es ser moral. Lo interesante sería crear una sociedad en la que esos valores en los que decimos creer, nos los tomáramos en serio y los forjáramos de verdad.

-P: ¿Y, a la vista de cómo está la situación política actualmente en España, cree que nos tomamos en serio esos valores?

-R: Desgraciadamente eso ha fallado en muchas ocasiones, y se han preferido otros valores, como los del propio provecho, los del egoísmo, frente a los que podrían ser los valores de la justicia y de la solidaridad. Eso ha ocurrido en el mundo político y en el mudo empresarial, pero también en otros ámbitos en los que nos desenvolvemos todos. Precisamente poner por delante esos otros valores ha sido una de las causas por las que nos encontramos en una situación de franca desmoralización.

-P: ¿Sólo importa la Ética, o tiene que venir revestida de Estética?

-R: la Ética y la Estética en ocasiones están muy ligadas porque hay un tipo de  actuaciones que no son moralmente aceptables y que tampoco lo son estéticamente.  En ese sentido, cuando una persona esta pasando dinero a otra por un tipo de actuación incorrecta o ha hecho prevaricación, eso no es ético ni estético y en ese  sentido ambas están muy ligadas. Todas las actuaciones injustas tienen una cierta falta de estética también, pero no siempre van de la mano la Ética y la Estética. A veces hay actuaciones  que no son bellas y sin embargo hay que hacerlas. Por ejemplo, estar en una sala con gente con enfermedades contagiosas no es precisamente bello, pero es necesario, y moralmente tiene un enorme valor.

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La Razón Cordial y los políticos

-P: Usted habla mucho de la Ética de la Razón Cordial ¿nos puede explicar qué es?

-R: La Ética de la razón cordial es una propuesta que he intentado hacer en los últimos tiempos. Desde los años setenta estoy trabajando en una línea que se llama Ética de discurso, que creó Habermas. Es una línea de trabajo espléndida, pero comencé a darme cuenta que es una ética que se fija mucho en la razón, en la argumentación, algo que me parece estupendo,   pero pensé que había que  introducir un poco de racionalidad, porque se tiene poco en cuenta los sentimientos, y el ser humano es razón y sentimiento, argumentación y emoción, ambas cosas.

En los últimos tiempos intento construir una propuesta ética, filosófica, que tiene en cuenta los dos lados: el de la argumentación y el de los sentimientos. Para actuar moralmente es fundamental tener argumentos, pero no basta, hay que contar con los sentimientos. La Razón Cordial es una razón que esta acompañada de sentimientos, sobre todo de un sentimiento que valoro mucho, que es el de la compasión, pero no compasión en el sentido de conmiseración, sino en lo que se refiere a la capacidad de alegrarse con otros en su alegría, o ser capaces de sufrir con el sufrimiento de los demás, y comprometerse a ayudarles a llevar una vida mejor.

La Razón Cordial sería razón y sentimiento, y sería también compasión y compromiso.

Importancia de la Filosofía

-P: Y, por traer el tema a la actualidad española, ¿cree usted que hay suficiente diálogo ahora en España entre los partidos políticos, o falta esa compasión de la que usted habla?

-R: Yo creo que en la vida política falta compasión. Deberían darse cuenta de que los partidos políticos tienen que trabajar por algo tan obvio como el bien común. Quien entre en política debe darse cuenta de que ha de buscar el bien común, no el particular ni el de su partido. Pero para eso hace falta tener una enorme generosidad, una enorme altura de miras, y grandes dosis de compasión, porque lo que hacen los políticos tiene muchas repercusiones para la vida de las personas. Por eso es necesario ponerse en lo que será mejor para la comunidad.

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Yo creo que a los políticos actuales, aunque no sólo a ellos, les falta muchísima altura de miras. Hace falta buscar el bien común y no el bien personal. Y yo creo que en todas las negociaciones que se están llevando a cabo, eso nos está perjudicando mucho, porque las actitudes no son generosas, sino todo lo contrario: avaras en el sentido más triste del término.

Importancia de la Filosofía en los estudios

-P: ¿Qué les diría a quienes apoyan la supresión de la Filosofía en los estudios de bachiller? ¿Por qué es necesaria la Filosofía hoy?

-R: Les diría que la Filosofía es un componente fundamental del saber humano, y que tiene que empezar a enseñarse desde los primeros estudios, porque la tarea de la Filosofía es intentar desarrollar la capacidad crítica, la capacidad argumentativa, la de ser dueño de uno mismo, la capacidad de ser libre, es decir ser dueños de los propios actos, la capacidad de ir a los fundamentos del saber, y, desde el punto de vista de la acción, la capacidad de buscar criterios de justicia y de solidaridad. La Filosofía tiene todas esas virtualidades, por eso es necesario que se imparta en los estudios primarios, secundarios y a lo largo de toda la vida.

-P: Luego la Filosofía nos puede hacer un poquito mejores…

-R: Evidentemente, la Filosofía nos puede hacer un poquito mejores, porque cuando se reflexiona sobre cuáles son nuestros horizontes, sobre todo lo que tiene que ver con conocernos mejor a nosotros mismos, nos ayuda a hacernos mejores, o al menos más responsables de nuestras acciones.

La Política como búsqueda de lo justo

-P: Aristóteles consideraba la política como un servicio público en el que debían estar hombres preparados y decentes. ¿Es ésta la política que tenemos hoy en España?

-R: Aristóteles decía que la política consiste en la deliberación de los ciudadanos que se preocupan por lo justo y lo injusto, y creo que es una definición muy buena. Él dice que el ser humano es un ser que tiene logos, es decir, que tiene razón y palabra. Y la razón y la palabra sirven para tratar de deliberar de forma conjunta sobre qué es lo justo y lo injusto. Eso es la política: el proceso deliberativo que trata de buscar qué es lo justo y qué es lo injusto, y por supuesto, apostar por lo justo.

Pero, efectivamente, no hemos llegado a encarnar una política que busque lo justo, sino que siempre estamos en el terreno de lo imperfecto. No podemos estar todo el tiempo lamentando lo que todavía no hemos conseguido, sino tratar de ver adónde queremos ir.

Los ciudadanos y los políticos tienen que ir de la mano, ambos son los protagonistas a la vida política. Ambos deben ponerse de acuerdo en lo que es justo. Y creo que es bastante fácil, porque lo justo ahora es incrementar el empleo para que las gentes puedan tener no sólo un medio de vida sino que puedan estar psicológicamente bien situadas. Es importante trabajar por el tema de los discapacitados, de las pensiones, de los dependientes, es fundamental preocuparse del tema de los  refugiados y de los inmigrantes pobres… Tenemos tal cantidad de cosas que buscar conjuntamente ciudadanos y políticos en el terreno de lo que es propio de la política, que parece mentira que estemos pensando nada más que en las discusiones entre los partidos.

-P: ¿Qué momentos atravesamos desde  el punto de vista ético? ¿Hay momentos más encaminados hacia la ética que otros?

-R: Yo creo que no, a mí cuando se habla como si hubiera habido un tiempo pasado mucho mejor y que ahora estamos en una situación tenebrosa… No, no ha habido una Edad de Oro desde el punto de vista ético y político. Yo no creo que haya habido etapas más éticas que otras. Sí que es verdad que en un determinado momento en España, en la transición, la sociedad  estaba muy ilusionada con el cambio. Se pensaba: vamos, por fin, a trabajar por esos valores de los que se habla en toda la Europa de la libertad, de la igualdad, de la solidaridad… era un momento de mayor entusiasmo, pero ahora, aunque ha pasado el tiempo, aquellos valores se siguen apreciando. Es justamente el tiempo que llevamos de democracia, lo que ha hecho que nos demos cuenta de muchos de los problemas que hay, y esto ha acarreado un cierto desánimo, precisamente porque están  saliendo a la luz casos que no nos gustan. Seguramente, en otros tiempos también estaban pero no se conocían.

Una democracia permite que los trapos sucios salgan a la luz, algo que en una sociedad autoritaria y falta de democracia no se descubriría. Ahora tenemos la gran ventaja de que por lo menos eso se castiga, y se va perdiendo esa sensación de impunidad que en otros tiempos sí que era real.

-P: Pero en los ochenta y noventa existía democracia y no parece que tuviéramos una sensación tan agobiante como la que se está viviendo ahora.

-R: Sí, pero en los ochenta por ejemplo empezó todo el tema del pelotazo. Lo que ocurre es que en aquel tiempo la economía iba bien, y el tema de la construcción estaba pujante. En una situación de bonanza parece que las cosas se disculpan más, pero la corrupción también existía. Ahí comenzaron muchos de los escándalos que luego han ido aflorando. Esto de las inmoralidades y el poner el interés propio por delante del general ya venía de entonces.

-P: ¿Y no puede ser que los españoles seamos de otra pasta? Aquí se inventó la picaresca hace siglos…

-R: (tajante): ¡No! Me niego a pensar eso. Parece que en España tengamos la convicción de que somos diferentes, pero eso es falso. Y también de que España es peor, que también es falso. En España, como en el resto de los países, hay de todo: personas, actividades, instituciones, grupos, que trabajan muy bien, y que no son peor que la gente del resto de los países. Recuerdo la conferencia de un estadounidense que afirmaba que en Estados Unidos no se preguntan por el pasado, y que tratan siempre de construir hacia mejor, y que, por el contrario, los europeos siempre estamos pensando en los desastres de nuestro pasado en lugar de intentar construir hacia mejor.

Ética para una democracia

-P: En el momento actual, de encrucijada política, ¿qué mínimos éticos habrían de plantearse todos los partidos políticos para cumplir?

-R: Desde el punto de vista ético, cualquier partido político que ahora quiera formar gobierno con otros, debe tener en cuenta que lo que se ha llamado estado del bienestar es irrenunciable. Los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, ciudadanos y culturales son irrenunciables. Está claro que en una época de globalización como la que nos encontramos, la unidad de España tiene que estar fuera de toda duda, porque una sociedad desintegrada no gana absolutamente nada. Un tercer elemento clave sería tener en cuenta la situación de los refugiados y a los inmigrantes pobres, que no se está teniendo en cuenta en absoluto. Y en cuarto lugar sería nuestra actuación en Europa. España tiene que tener voz en Europa. Europa ha descubierto algo muy bueno, que es la economía social, y ha elaborado una propuesta muy diferente a Estados Unidos. Y en este momento, Europa necesita un gran refuerzo, porque estamos perdiendo fuerza. Lo importante no es Europa por sí misma, sino los valores que Europa ha defendido y debería seguir haciéndolo, que son precisamente los de una economía social que no quiere dejar a nadie fuera y que trata de buscar los derechos sociales a los que he aludido.

Yo creo que los grupos que pretendan gobernar deberían tener esos cuatro elementos como pautas fundamentales, así como la creación de empleo.

Las mujeres y la igualdad

-P: Usted fue la primera mujer en leer su discurso de entrada a la Academia de Ciencias Morales y Políticas después de siglo y medio. También es una de las primeras mujeres distinguidas con el doctorado honoris causa por la Universidad de Murcia, concretamente es la cuarta (tras Margarita Salas, Saskia Sassen y Margarita Lozano) por 42 honoris causa masculinos.  ¿Cuándo se normalizará todo para las mujeres? ¿Cuándo dejará de ser una excepción el que una mujer ocupe determinados puestos o nombramientos?

-R: Estoy convencida de que esto será así, pero también lo estoy de que para que esto ocurra, debemos seguir trabajando, porque incluso las seguridades se construyen. Pero la realidad nos indica que estamos en el camino. Hace no demasiado tiempo había muy pocas mujeres que estudiaban Filosofía, Medicina, Arquitectura… pero ahora mismo somos mayoría en buena parte de las titulaciones, y se van ocupando unos espacios a los que se pensaba que las mujeres no llegarían. Estamos presentes en todos los ámbitos. Afortunadamente ha habido un gran cambio en este sentido, pero hay que seguir luchando por ello.

-P: Margarita Salas, nuestra primera mujer honoris causa, nos hablaba de las pocas mujeres que habían en su facultad en su época. ¿Le acompañaban a usted muchas mujeres en sus estudios de Filosofía pura?

-R: Sí, no era una carrera muy habitual para las mujeres. No sé por qué. Aquello de Filosofía pura debía echar para atrás a las mujeres, una tontería, porque no hay nada puro en esta vida. El caso es que ahora en mis clases la mezcla es total, debe haber tantas mujeres como hombres.

Cuatro décadas de relación con la UMU

-P: Su vinculación con Murcia y con su universidad se remonta a cuatro décadas atrás.

-R: Efectivamente. Fue en el curso 1978-79 cuando Jesús Conill, mi marido, también catedrático de Ética y Filosofía Moral en la Universidad de Valencia, y yo, habíamos hecho oposiciones de Enseñanza Media y tuvimos oportunidad de elegir, y elegimos Cartagena y La Unión. En aquellas fechas se creó la sección de Filosofía en la Universidad de Murcia y nos pidieron colaboración, y dimos clase como asociados en ella mientras nos trasladamos a dos institutos de Murcia. De manera  que ambos dimos clase a la primera promoción de Filosofía de la Universidad de Murcia.

Ética y Universidad de Murcia

-P: Su discurso de investidura se titula “Ética para una universidad cosmopolita” ¿Qué rasgos debería tener esa universidad?

-R: Es necesario pensar qué es lo que la universidad debe ofrecer a la sociedad que ninguna otra institución puede, porque estamos en un momento que se están creando muchas instituciones que expiden certificados estupendos para encontrar trabajo, y hay gente que se pregunta por qué tienen que entrar en la universidad si pueden encontrar trabajo con otras instituciones que les ofrecen otros certificados. La Universidad debe ver qué puede ofrecer que la hace irremplazable.

En el discurso hablaré sobre las metas de la universidad para ver cuáles son los valores que debe incorporar. Creo que es muy importante ligar este discurso a la elaboración del código ético que está elaborando la Universidad de Murcia, y estaría bien que esta lección que voy a pronunciar sirviera como marco de qué es lo que da sentido a la existencia de un código ético en una universidad. Me ocuparé de cuáles deberían ser las metas de un código ético de una universidad, y haré un recorrido histórico sobre cuáles han sido las metas de una universidad y cuáles son las que creo que deberían estar presentes en una universidad cosmopolita.

-P: ¿Por qué una universidad cosmopolita?

-R: Porque creo que lo que no podemos renunciar los universitarios es a aspirar al título que lleva nuestra institución y que es algo hermosísimo: Universitas. Considero que la institución universitaria debe aspirar a la Universitas. Pero la concepción de Universitas ha ido cambiando desde la Edad Media hasta nuestros días.  Comenzando por aquella universidad que era la agrupación de maestros y alumnos para conferir los conocimientos necesarios para formar profesionales, como cambió en la Universidad Libre de Berlín de 1809, hasta el presente, que no sólo debería ser la agrupación de profesores y discípulos, que sí, pero más; no sólo la universalidad del saber y de las ciencias, que sí pero más. Debe ser una universalidad que tenga en cuenta a la humanidad en su conjunto, porque nuestra época es la de la globalización. Y la universidad debería recuperar esa unidad del saber que hubo en otros tiempos. Nos hemos fragmentado, están por un lado las Ciencias, por otro las técnicas, por otro las Humanidades… es como si no hubiera una unidad del saber, y yo creo que hay que recuperarla desde una reflexión ética de cada uno de los campos del saber.

En cada una de las carreras, tendría que haber una materia en la que se reflexionara sobre la Ética, sobre lo que hace que esa carrera sea una profesión, cuáles son sus metas, cuáles son sus buenas o malas prácticas, cuáles son sus valores… eso recuperaría la idea de una universidad cosmopolita.

-P: Usted afirma que el universitario debe entrenarse en la búsqueda de la verdad y la justicia. ¿Es éste un hecho real en la universidad española?

-R: Nos falta mucho. Para que haya búsqueda de lo verdadero y de lo justo, discusión… es necesario que exista una auténtica comunidad, la Universidad debe ser una auténtica comunidad que busque lo verdadero y lo justo. Pero es difícil que sea una comunidad si hay luchas intestinas. La comunidad necesita unas metas comunes, lo que Aristóteles llamaba la “amistad cívica”, que tenga en cuenta que perseguimos unas mismas metas. Tenemos que mudar muchos hábitos en la Universidad, y yo creo que todos somos conscientes de ello.

Ciudadanos compasivos

-P: Usted aboga por una universidad que eduque a ciudadanos compasivos, capaces se asumir la perspectiva de los que sufren y comprometerse con ellos. ¿Salen de nuestras universidades esos ciudadanos suficientemente compasivos?

-R: De momento no. Tenemos todavía mucha tarea por delante. Ahora se empieza a reflexionar cada vez más sobre cuáles son las metas de la universidad. Es posible que sea debido a que estamos en una época de cambios. Es un buen momento para pensar en las universidades, sobre la idea de que no sólo formamos profesionales, sino también ciudadanos, gentes que sepan implantarse en la sociedad en la que viven y trabajar por ella, creo que esa es una conciencia que cada vez, afortunadamente, prospera más. No se trata sólo de formar a gente para que acceda a un puesto de trabajo, sino de formar a gentes que sean también ciudadanos de su tiempo, arraigados en su entorno y que estén dispuestos a trabajar por otros.

-P: Y hablando de ciudadanos de nuestro tiempo, las nuevas tecnologías, sitúan nuestras posibilidades de comunicarnos a años luz de nuestros padres o abuelos, pero, ¿hemos evolucionado en nuestra ética de la misma manera? ¿Somos hoy mejores personas que hace un siglo?

-R: Yo creo que esos medios hay que utilizarlos al servicio de la mejora moral. El progreso técnico que hemos experimentado ha sido admirable, pero desgraciadamente, el progreso moral no ha estado al mismo nivel. El progreso moral no ha estado al mismo nivel que el progreso técnico. Estamos en un momento clave para emplear todas esas técnicas para que la conexión sea auténtica comunicación, para que la posibilidad de estar en comunicación unos con otros se convierta en un auténtico diálogo. Estamos en un momento óptimo para poner las técnicas al servicio de la mejora moral, que sería crecer en libertad, en igualdad, en solidaridad…

-P: ¿Está en el fondo de la crisis económica una serie de malas actuaciones éticas?

-R: La crisis económica ha tenido la virtualidad de hacer que incluso haya habido economistas que se hayan referido a los fallos morales como origen de la crisis. Han fallado los valores, ha fallado la honestidad, la veracidad… Ha habido engaño y avaricia.

La crisis viene de lejos, pero solo en el momento en que ha explotado, nos hemos podido dar cuenta de que el rey ya llevaba tiempo desnudo. Pero está claro que ha habido fallos morales serios que han sido también causantes de la crisis.

-P: Una catedrática de ética tiene los mimbres para tener una conducta intachable. Con sus conocimientos, usted sabrá al menos la teoría para serlo. ¿Se autoanaliza mucho?

-R: Por supuesto. Pero espero que no sean sólo los catedráticos de ética los que lo hagan. Somos lo que somos por nuestra relación con los demás. Es muy importante ser con otros, hablar con otros, hacerse con otros, pensar con otros qué es lo que podemos hacer. Esa es la mejor forma de hacer lo que pensamos que merece realmente la pena. No se trata de valores abstractos, sino que son las personas corrientes. Lo más valioso son las personas, estar con ellas y trabajar con ellas. Cuando se trabaja con las personas y se respeta la naturaleza cobra sentido la libertad, la igualdad, la solidaridad y todos los grandes valores.

 

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