Formación in-company: uso y abuso

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Que la formación a empleados es un valor añadido en cualquier empresa es innegable. Otra cosa es el valor real de esa formación y si, en caso de ofrecerse, se hace de la mejor forma posible y con el máximo aprovechamiento…

Competitividad, motivación, eficacia, actualización de conocimientos… son términos asociados a una buena formación del empleado. Cuando esta formación además se ofrece en el propio lugar de trabajo, de forma gratuita y con conocimiento de nuestros superiores, su atractivo aumenta, y pocos son los trabajadores que renuncian a ella. Sin embargo, hay quien duda de su eficacia y su forma de aplicación. Contenidos poco actualizados, genéricos y largos, ponentes sin experiencia y escasa atención del alumno son los principales retos de la formación in-company.

[su_note]Algunas asociaciones y organismos públicos imparten formación gratuita para la adquisición de aptitudes básicas tanto numéricas como de lectura y escritura.[/su_note]

Cursos gratis, ¿por qué no?

Recibir cursos de formación o planes de desarrollo personal en el trabajo demuestra el compromiso de la empresa con sus empleados y aumenta la motivación. Las actividades formativas son percibidas por el trabajador como un mensaje de tranquilidad: la compañía cuenta con sus servicios y les valora. Al fin y al cabo, es una inversión.

[su_note]Además de la formación interna, hay otros mecanismos, como la formación en línea, que pueden ayudar a financiar el desarrollo del personals. [/su_note]

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, los cursos que una compañía oferta a sus trabajadores no son gratuitos. En España concretamente existen tres tipos de fondos estatales dirigidos a la financiación de actividades formativas. A través de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo, fundación sin ánimo de lucro encargada de impulsar la formación entre empresarios y trabajadores, se gestionan los fondos dedicados a actividades formativas. Por un lado están las subvenciones directas, que pueden llegar al 100% del precio del curso y han protagonizado recientemente casos de abuso, al ser objetivo de facturas falsas por cursos que no se habían impartido.

Los llamados fondos de oferta se limitan a ofrecer promociones formativas y, por último, la bonificación a través de las cuotas a la Seguridad Social se traduce precisamente en eso: la empresa paga el curso, pero luego se bonifica ese importe en las cuentas de la Seguridad Social, con lo que la formación en este caso no supone gasto alguno para la empresa. En efecto, los fondos proceden de las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social de empresas y trabajadores.

[su_note]Los niveles de bonificación son diferentes en función del tamaño de cada empresa, desde el 75% para compañías de 10 a 49 empleados hasta los 420€ bonificables en empresas de entre 1 y 5 trabajadores. [/su_note]

Falta de información

Un vistazo rápido a nuestro entorno nos permite comprobar que existen muchos trabajadores que nunca se han beneficiado de actividades formativas en su empresa. En muchos casos, por desconocimiento; en otros, falta de interés por parte de los propios empresarios, pese a que muchos directivos coinciden en que “apostar por una buena formación hoy es apostar por un buen futuro de la empresa mañana”. Las quejas también se dirigen a la falta de formación específica, o al exceso de papeleo en la gestión de solicitud… De hecho, es notorio que son las grandes empresas las que más recurren a estos fondos.

[su_note]El reciente escándalo de las facturas falsas en cursos de formación, que ha destapado un caso de desvío de fondos públicos, ha puesto en entredicho la transparencia del sistema y la forma de adjudicación de los fondos.[/su_note]

Con detractores y defensores, lo que sí parece cierto es que recortar la inversión en formación deterioraría la competitividad de la empresa a largo plazo, así como la permanencia de los empleados. Unos empleados bien formados y dotados de las habilidades oportunas resultarán más fiables en circunstancias difíciles, y estarán mejor preparados para hacer su trabajo en entornos económicos cada vez más competitivos.

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