La recuperación, de la mano de las pymes y los autónomos

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Los últimos indicadores económicos confirman que la economía española aceleró a finales de2014 el ritmo de crecimiento de la actividad, consolidando la senda de la recuperación económica, evolución que parece mantenerse y fortalecerse en los primeros meses de este año. El PIB se incrementó un 1’4% en 2014, una tasa positiva sobre todo si se tiene en cuenta que los tres ejercicios anteriores se habían registrado tasas negativas (-1’2% en 2013, -2’1% en 2012 y -0’6% en 2011). Este incremento, impulsado por el repunte del consumo y de la inversión es, sin duda, una buena noticia, puesto que manifiesta una mayor extensión de la mejora de la situación económica para las familias y las empresas y es uno de los factores que ha permitido al Gobierno y a los analistas y principales instituciones económicas a elevar sus previsiones económicas para el presente ejercicio, junto a la mejora de las condiciones de financiación, el descenso de los costes energéticos y la depreciación del tipo de cambio. Así, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, adelantó en el pasado Debate sobre el Estado de la Nación que la economía española crecerá este año un 2’4%, cuatro décimas más de lo previsto en los Presupuestos Generales. Una estimación que el propio Ejecutivo califica de prudente y que se ve superada por las estimaciones de otras instituciones, como CEOE, que prevé un incremento del PIB para este año del 2’8% o FUNCAS, que eleva este crecimiento al 3%. En cualquier caso, parece que la mejoría es irrefutable. Pero debe ser acogida con la necesaria prudencia, ya que no podemos olvidar que venimos de una crisis muy profunda, que ha causado profundos daños en las estructuras económicas y en el tejido empresarial de nuestro país. Estamos en el principio de un camino todavía largo para recuperar el ritmo de crecimiento de la economía, que permita la generación de empleo y la reducción de la elevada tasa de paro cercana al 25% que ahora padecemos. Desde el inicio de la crisis en 2007 han desaparecido en torno a 303.000 pymes, de las que prácticamente la mitad tenían menos de 10 empleados, y en torno a 300.000 autónomos. Y lo cierto es que las pymes somos las primeras en notar los efectos de la crisis, pero las últimas en empezar a sentir la recuperación. Recomponer este tejido empresarial no va a ser tarea fácil. Y lo cierto es que para que podamos hablar verdaderamente de recuperación de la actividad, de la inversión y del empleo en tasas previas a la crisis es imprescindible que la mejoría económica llegue a todo el tejido productivo y que las pequeñas y medianas empresas, que representan el 99% del total de las empresas y casi el 75% del empleo en nuestro país, empecemos a notar el cambio de tendencia. Nadie duda en estos momentos de que la recuperación tendrá que venir de la mano de las pymes y de los empresarios autónomos. Y para ello es preciso seguir eliminando los obstáculos que todavía entorpecen a la actividad empresarial, especialmente a la de las empresas de menor dimensión. Entre estos obstáculos, ocupa un lugar prioritario la dificultad de acceso a la financiación. Aunque es cierto que en los últimos meses se aprecia una paulatina mejora del crédito para las pymes, aún se parte de volúmenes de financiación total para nuevas operaciones muy reducidos, mientras que la demanda de este tipo de fondos, en particular, para la financiación de operaciones de circulante está aumentando entre las empresas de menor dimensión. Estrechamente vinculado con el problema de este tipo de financiación está otro de los males de nuestro sistema económico: la elevada tasa de morosidad que, también en este caso, tiene mayor incidencia en las pymes. En estos años de crédito escaso, las pymes han visto además la falta de recursos financieros se veía agravada por los retrasos en los pagos, tanto por parte de la Administración como de otras empresas. Esta mala práctica comercial, que genera importantes problemas a las pymes, que carecen de los recursos suficientes para poder soportar el retraso en el cobro de sus facturas, es una lacra que desde CEPYME nos hemos propuesto combatir y, para ello, estamos llevando a cabo una estrategia de lucha contra la morosidad, evaluando la situación y haciendo propuestas para combatirla y erradicarla, propiciando un cambio de cultura empresarial y también en la Administración que destierre estas prácticas. También es necesaria una mejora del marco fiscal. La reciente reforma fiscal, que ha entrado en vigor a principios de este año ha pasado por alto las necesidades de las pymes. En concreto, en lo que se refiere al Impuesto sobre Sociedades debería haberse tenido en cuenta la necesidad de tipos tanto nominales como efectivos orientados hacia la mejora de la capacidad competitiva de las pymes, reformando el actual sistema de reducciones, deducciones y exenciones y potenciando aquellas que pueden producir un impacto positivo en la actividad empresarial de las empresas de menor dimensión, como son las orientadas hacia la innovación, la formación o la internacionalización. Igualmente, es preciso abordar una reducción de las cotizaciones sociales, que penalizan la creación de empleo y a cuya revisión se comprometió el Gobierno hace dos años. Lejos de ello, las cargas sociales se han incrementado en estos últimos años, a través de los aumentos de las bases de cotización y de la inclusión en las mismas de conceptos de retribución en especie anteriormente exentos. Todo ello ha supuesto un incremento de los costes especialmente gravoso para las pequeñas y medianas empresas. La excesiva burocracia es otro de los obstáculos con los que nos encontramos los pequeños y medianos empresarios en el ejercicio de nuestra actividad. Aunque en los últimos años se han producido algunos avances en materia de simplificación administrativa, no son pocos todavía los trámites burocráticos y cargas administrativas, muchos de ellos, injustificados, que suponen un enorme coste en dinero y tiempo para nuestras empresas. España es uno de los países donde más trámites hay que cumplimentar para poner en marcha una empresa. Estos son solo algunos de los aspectos en los que debemos seguir profundizando para consolidar los cimientos de un nuevo modelo económico estable, basado en la actividad productiva de menor dimensión y en un marco que propicie el crecimiento y desarrollo de empresas sólidas y capaces de generar el empleo que nuestra sociedad necesita.

 

 Antonio Garamendi, presidente de CEPYME

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