Los juegos de poder en “Juego de Tronos” (I)

Sin título

El 16 de Abril del año 2015 Felipe VI visitaba Bruselas. En una breve reunión con algunos de los eurodiputados españoles uno de estos, Pablo Iglesias, le hizo un regalo: las cuatro primeras temporadas de la serie Juego de Tronos. Al entregarle el regalo el eurodiputado le dijo al Rey que en dichas series iba a encontrar las claves sobre la crisis política española.

Unos cuantos años antes de que se convirtiese en uno de los mayores fenómenos televisivos de la historia, “Juego de Tronos” era el primer volumen de la saga “Canción de Hielo y Fuego”, de un medianamente conocido escritor llamado George R.R. Martin. En 2006 ya habían salido 3 tomos, y algunos productores de Hollywood se habían acercado al autor para sondear la posibilidad de filmar una película basada en su historia.

Martin se negó en rotundo: tenía claro que sólo podría adaptarse una obra tan basta y compleja a través de una serie, siendo cada libro una temporada. En 2006, dos productores del canal HBO quedaron con Martin para ofrecerle hacer una serie. Uno de ellos, David Benioff, tenía claro el proyecto desde que leyó un pasaje del tercer libro, “Tormenta de Espadas”. Creía que si conseguían hacer una serie y llegar a ese pasaje, establecerían un hito en la historia de la televisión, por el impacto que generaría en los espectadores. (A partir de aquí, por razones obvias, incurriremos en spoilers hasta la tercera temporada).

Benioff se refería a la ya célebre “Boda Roja”, que plagó internet de vídeos con reacciones de incredulidad, desolación, indignación y fascinación. En una sola escena, en el transcurso de una boda, tres de los personajes principales, de los más queridos por la audiencia, son traicionados y asesinados por algunos de sus nobles vasallos. Pocos podrían haber imaginado algo así momentos antes. Y claro, se cumplió lo que había predicho Benioff: “Juego de Tronos” se ha convertido en uno de los grandes fenómenos televisivos de la historia.

Lo que es menos conocido es que el autor, Martin, se inspiró en numerosos eventos de la Historia Clásica y Medieval para construir su universo y sus personajes: por ejemplo, el Muro que separa los siete Reinos de las inhóspitas tierras del Norte recuerda mucho al Muro de Adriano, que separaba la Inglaterra romana de las tierras salvajes de la actual Escocia.

Resulta más sorprendente averiguar que la chocante Boda Roja está inspirada en un hecho real: la “Cena Negra” que organizó Sir William Crichton, Canciller del Reino de Escocia, en 1440. Crichton gobernaba el castillo de Edinburgo y tenía bajo su custodia al rey Jaime II, aún menor de edad. Poco después de morir el patriarca del clan Douglas, el más poderoso clan de Escocia, Crichton convocó a sus dos hijos mayores a una cena de confraternización.  El mayor y heredero tenía 16 años, su hermano 11.

En el transcurso de este encuentro los hombres de Crichton y de algunos clanes rivales de los Douglas arrastraron a los dos hermanos al patio, les sometieron a un juicio sumario, y los ejecutaron pese a los ruegos del niño rey por sus vidas. ¿El motivo? Los Douglas amenazaban la amplia cuota de poder que ostentaban Crichton y sus clanes afines, gracias a tener al rey bajo su “custodia”.

Tanto en el mundo de “Juego de Tronos” como en la Escocia de 1440, las leyes de la hospitalidad eran sagradas. Los dos hermanos Douglas acudieron confiados a la cena porque era inimaginable que bajo la hospitalidad de sus rivales pudiese ocurrirles algo. Por esta razón el crimen es doblemente infame. Como infame fue el otro evento real del que bebe la Boda Roja: la masacre de Glencoe, en 1692.

Poco tiempo había transcurrido desde que Guillermo de Orange había ascendido al trono de Inglaterra, tras deponer a su tío Jaime. En el conflicto de sucesión, los dos  principales clanes de Escocia se habían decantado por distintos candidatos. Tras el ascenso de Guillermo, el clan Campbell (que le había respaldado) pasó a ser responsable de los tributos.

Ese mismo invierno, un nutrido grupo de fuerzas de los Campbell fueron a recaudar impuestos a las tierras de los MacDonald, el clan que había apoyado al rey Jaime. Estos, guiados por las sagradas leyes de la hospitalidad, los acogieron en sus casas. Por la noche, 38 miembros del clan MacDonald fueron asesinados, muchos de ellos en sus camas, por las tropas Campbell. Después quemaron sus casas, provocando la muerte de 40 mujeres y niños de frío en las noches sucesivas. Esta traición aún se recuerda en Escocia con indignación.

“Juego de Tronos” aborda, entre otros muchos temas, el malévolo efecto del poder sobre sus protagonistas. Los motivos que les guían, su evolución, sus conflictos, sus patologías. Y no hay mejor fuente de inspiración que la propia Historia, como iremos viendo en los próximos artículos.

Como conclusión de este primer post, podemos recordar que una de las palancas de poder más conocidas es la de “deshacerse de los rivales”, que acepta una gama amplísima desde convencerles de que dejen de ser rivales (sumándolos al propio barco o comprando su voluntad)… hasta los métodos imperdonables que acabamos de ver. La propaganda y la represión son dos de las formas más abyectas de detentar el poder. Y la historia, por desgracia, está llena de ejemplos.

Tywin Lannister, el instigador principal de la Boda Roja, argumenta la violación de la leyes de hospitalidad afirmando: “Miles de muertes se han evitado gracias a lo que ha sucedido esta noche”. Efectivamente, la guerra civil prácticamente termina con la Boda Roja. Pero queda la pregunta sobre las consecuencias futuras de tal acción en los protagonistas y en la sociedad. Como bien responde a Tywin su hijo Tyrion: “El Norte nunca olvidará”.

Luis Huete

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