Teletrabajo: ¿una verdadera opción?

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Defendido por unos y despreciado por otros, la realidad es que el teletrabajo no termina de imponerse en nuestro país. Al menos, no al nivel de otros países europeos. Esta modalidad de trabajo no presencial, apoyado principalmente en las Tecnologías de la Información, exige una nueva visión del trabajo que aún no se ha instalado en nuestra sociedad.

 

Más propio de grandes compañías, el trabajo a distancia surge como respuesta a nuevas necesidades en la sociedad: conciliación de la vida laboral y familiar, mejor integración laboral de personas con discapacidad, posibilidad de trabajar en ciudades o países diferentes, eliminación de los tiempos de traslado, especialmente en grandes ciudades… y, básicamente, como reacción al uso masivo de las tecnologías de la información, que permiten la comunicación en tiempo real durante la realización de cualquier actividad.

La prolongación de la crisis económica ha impulsado este tipo de iniciativas para reducir costes en las organizaciones. Se estima que un teletrabajador supone, de media, un ahorro anual para la empresa superior a 1.200 euros. La empresa reduce costes e inversiones porque disminuye el número de empleados coincidente en el centro de trabajo. El espacio, las instalaciones y el mobiliario se reorganizan para dar servicio a un número menor de trabajadores de forma simultánea, dado que la plantilla al completo difícilmente coincide en el centro.

 

Tendencia imparable

Aunque lentamente, poco a poco este nuevo modelo de trabajo se va imponiendo en las empresas. Según el Libro Blanco del Teletrabajo en España, editado por la fundación Másfamilia en junio de 2012, “el teletrabajo genera beneficios en múltiples ámbitos: en las organizaciones y la sociedad para mejorar su productividad, en el teletrabajador para mejorar su satisfacción y salud (…) y en el medioambiente, contribuyendo a su preservación”.

Más habitual entre autónomos que se montan la oficina en su hogar para ahorrarse el local, el trabajo a distancia también repunta entre asalariados. Actualmente, una de cada cinco empresas tiene programas de teletrabajo para sus empleados, según un informe de IMF Business School, aunque según Adecco esto se traduce en España en sólo el 7,4% de las personas ocupadas, un porcentaje muy por debajo de la media europea, situada en torno al 13%.

 

Una nueva forma de trabajar

Aunque las ventajas son innegables, ¿por qué esa reticencia? Se trata principalmente de una falta de confianza. Por parte de empresarios, que no terminan de ver con buenos ojos la ausencia física de sus trabajadores y, también, por parte de los compañeros que sí están en la oficina y, en muchos casos, se sienten perjudicados.

La falta de horarios fijos de entrada y salida, la ausencia de control en la rutina diaria, que puede llevar a una disminución del rendimiento del teletrabajador y una menor identificación del trabajador con la empresa son elementos que distancian al e-worker de la compañía y del resto de empleados. “La formación y la sensibilización de toda la plantilla es fundamental para asegurarse el alineamiento de todos los profesionales, asumiendo también el concepto de que todo teletrabajador necesitará también de un telejefe”, continúa el estudio.

Una cuestión de buenas prácticas

En efecto, implantar un modelo de teletrabajo implica cambios importantes en todos los sentidos. Evidentemente, la implantación del trabajo a distancia exige un esfuerzo por parte de la organización, planteado a los empleados y reconocido por ellos. Además de gestionar recursos humanos y tecnológicos, es fundamental identificar correctamente los perfiles adecuados para disfrutar esta modalidad de empleo, así como los directivos más idóneos para dirigir teletrabajadores, evitando así cargas de trabajo innecesarias.

Una buena definición de la implantación del teletrabajo, seguimiento y objetivos a cumplir es fundamental. Es imprescindible que el empleado posea un sólido conocimiento de sus funciones y sea totalmente autónomo para realizarlas. Así se evita que su responsabilidad recaiga en otro compañero cuando esté físicamente fuera de la oficina.

Desde el punto de vista del e-worker, teletrabajar exige autodisciplina, tarea nada fácil cuando se está solo en casa; el empleado debe disponer su entorno para que todos los elementos necesarios para su trabajo estén accesibles. Mientras se gana en tiempo para atender la vida personal, se pierde en desconexión Hay que tener además mucho cuidado con la salud psicológica. Una vez se ha ignorado la máxima “donde trabajes no duermas y donde duermas no trabajes”, el riesgo de estar conectado 24 horas al día y no diferenciar el ámbito laboral del familiar puede llevar al interesado a terminar trabajando en pijama.

Aquél que no pasa por la oficina, no termina integrándose en un equipo y tiene muchas posibilidades de estancarse, e incluso de no tener oportunidades de promoción y verse estancado profesionalmente.

En todo caso, es importante recordar que el teletrabajo debe entenderse como un privilegio que hay que ganarse y mantener. De hecho, la mayoría de las empresas que ha decidido implantarlo lo acepta cuando el tiempo de trabajo a distancia es algo parcial, nunca total y siempre reversible.

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